¡Tots a una veu, germans vingau!

José María Llanos (Profesor de la Universidad de Valencia)

 

En agunas ocasiones, ya no sé qué más se puede decir; ya no sé qué más se puede gritar; ya no sé qué más se puede hacer, salvo perseverar. Valencia ha sido arrebatada al pueblo, a los valencianos. Un gobierno municipal sectario y comunista, ha ocupado Valencia y la ha convertido en su cortijo. Los que hablaban del PP -en muchísimas ocasiones con razón, y por eso ni está ni se le espera, y se deshace en luchas internas-, hoy son inconmensurablemente peores: sólo gobiernan para sus propios intereses y un poquito para sus votantes (pero no para todo el pueblo). No gobiernan la ciudad, no gobiernan la Comunidad, y manipulan a su antojo. Por eso tenemos carriles bici por todo el Cap i Casal, que han provocado una contaminación mayor que la que “pretendían evitar”, y que han congestionado todas nuestras calles y avenidas; por eso tenemos a los padres enfrentados con la conselleria de educación, que pretende adoctrinar a nuestros hijos, en su “religión civil”, al más puro estilo estalinista, o bolivariano; por eso nos oponemos a que nos dejen sin el repicar de campanas, que dan alegría y vida a la ciudad, y que nos indica dónde practicar la Fe de nuestro pueblo; por eso tenemos al mundo fallero, que es “cuerpo y alma” de Valencia, exaltado ante una encuesta que atenta su privacidad y su libertad. Ahora resulta que al Sr. Ribó se le ha ocurrido que le conviene “controlar” las Fallas, y por eso envía una encuesta, en la que hay que poner nombre y apellidos, y domicilio, preguntando si uno se siente más valenciano que español o viceversa, o ambos; si se profesa la religión católica; si se es más de derechas o de izquierdas; a qué partido se apoya; y otras lindezas por el estilo.

Este es el talante de estos “falsos” demócratas. Son los mismos que sólo creen en la democracia cuando les lleva al poder, pero que una vez en él, se pegan como una mosca a una telaraña. Y esta lacra hemos de soportarla los valencianos.

Sin embargo, parece que no hay reacción; parece que no nos movemos; parece que no nos despertamos. Ruego a Dios que sólo “lo parezca” y que no sea verdad, porque de ser así, en muy poco tiempo a nuestra tierra valenciana no la va a conocer ni “la madre que le dio a luz”. Espero con todas mis fuerzas que aún siga presente ese espíritu que anida en el ser de los valencianos, y que consiguió frenar al ejército francés a nuestras puertas; ese mismo espíritu que identificaba al conocido “General no importa”, cuando en esa misma guerra luchábamos todos juntos por defender España de los enemigos de fuera, auspiciados por afrancesados de dentro (parece que hoy se repite la historia, sobre todo con los traidores del interior).

Porque si de espíritu hablamos, y de gloria, no hay más que mirar nuestra historia; la de verdad, no la vituperada y manipulada por algunos de nuestros compatriotas que quieren destruir nuestro recuerdo y nuestro orgullo, para aprovecharse de esa falsa debilidad.

A estos mediocres y espúreos políticos que han ocupado Valencia, nuestro histórico Reino, y España entera, hemos de decirles que se acabó; que hasta aquí llegó la riada. Que los valencianos somos hombres del mundo, y que no nos van a manipular ni con propaganda, ni con televisiones sectarias, ni con mentiras más o menos sutiles. Los valencianos vamos a luchar por nuestra tierra valenciana, y por nuestro ser español; porque así somos plurisecularmente, por voluntad propia. La dignidad de nuestro pueblo no va a ceder ante la imposición de ideologías marxistas que abjuran de la libertad -y que pretenden someternos-, del mismo modo que el Rey Alfonso IV se vio obligado a revocar la “partición” de las tierras del Reino de Valencia, ante la oposición de un héroe valenciano, Francesc de Vinatea, que dijo aquella famosa frase: “cada uno de nos somos tanto como vos, pero todos juntos somos más que vos”.

Pues bien; de la misma forma que Vinatea, y con la misma Fe que el Palleter, afirmo que no me resigno. Estos políticos de escrache y dictadura, se creen que pueden hacer y deshacer a su antojo, y no se dan cuenta de que el pueblo tiene un límite que no conviene sobrepasar. No es aconsejable olvidar aquella mítica frase de nuestros Tercios: “Los infantes españoles prefieren la muerte a la deshonra. Ya hablaremos de capitulación después de muertos”.

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