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L’ETNO descubre cómo ha cambiado la identidad valenciana

Por ··8 min de lectura

¿Qué significa realmente ser valenciano en pleno siglo XXI?

¿Ser valenciano consiste en hablar una lengua, compartir unas tradiciones, vivir en un territorio o sentirse parte de una historia común? La respuesta es mucho más compleja de lo que parece. La identidad valenciana ha cambiado durante generaciones y continúa transformándose bajo la influencia de la globalización, las migraciones, los nuevos hábitos sociales y la evolución de las ciudades y los pueblos.

Esta es la reflexión que propone L’ETNO, el Museu Valencià d’Etnologia de la Diputació de Valencia, a través de su exposición permanente «No es fácil ser valenciano», instalada en el Centre Cultural La Beneficència, en la calle Corona, 36, de Valencia.

La muestra invita a descubrir cómo se han construido las imágenes que los valencianos tienen de sí mismos y cómo algunas de esas representaciones responden más a estereotipos que a la verdadera diversidad cultural del territorio.

La exposición está concebida como un recorrido desde el final de la sociedad preindustrial hasta la actualidad. Su planteamiento original se articula en tres ámbitos: la ciudad, la huerta y los marjales, y el secano y la montaña.

Actualmente, las secciones dedicadas a la huerta y al interior permanecen cerradas por reformas. El museo mantiene la sección urbana mientras prepara la renovación de sus espacios permanentes.

Una identidad que nunca ha permanecido inmóvil

La cultura valenciana suele representarse mediante símbolos reconocibles: la paella, las Fallas, las barracas, las huertas, las bandas de música o las fiestas populares.

Todos estos elementos forman parte de una memoria compartida, pero no explican por sí solos la complejidad de una sociedad integrada por realidades muy distintas.

La Valencia de una familia de agricultores del siglo XIX no se parece a la de los trabajadores industriales del siglo XX. Tampoco es idéntica a la de los jóvenes que hoy estudian, trabajan y se relacionan en un mundo digital conectado internacionalmente.

La identidad cultural no es una fotografía congelada. Es una construcción colectiva que conserva elementos del pasado, incorpora nuevas influencias y cambia conforme evolucionan las condiciones de vida.

La exposición utiliza precisamente esta contradicción como punto de partida: ¿cómo mantener las costumbres propias sin convertirlas en una barrera frente a otras culturas?

Lejos de ofrecer una única respuesta, L’ETNO propone al visitante reflexionar sobre lo que considera valenciano y sobre las razones por las que determinados elementos adquieren un valor simbólico.

La ciudad: entre la tradición y la globalización

La sección dedicada a la ciudad aborda los cambios que han transformado la vida urbana durante las últimas décadas.

Las antiguas calles comerciales, los mercados, los talleres artesanales y los barrios tradicionales conviven ahora con nuevos modelos económicos, viviendas turísticas, grandes establecimientos comerciales y espacios de trabajo digitales.

La transformación no afecta únicamente a los edificios. También modifica las relaciones entre vecinos, los hábitos de consumo, la movilidad y la manera de utilizar los espacios públicos.

En Valencia, estas cuestiones resultan especialmente visibles en los barrios históricos, donde la conservación del patrimonio convive con los nuevos usos turísticos y residenciales.

El visitante puede preguntarse qué sucede cuando desaparece un comercio de toda la vida, cuando una vivienda habitual se transforma en alojamiento turístico o cuando una calle cambia la composición social de sus residentes.

También puede descubrir que la ciudad valenciana siempre ha sido un espacio de intercambio, llegada de personas y circulación de nuevas ideas.

La huerta y los marjales: más allá de los tópicos

Uno de los ámbitos originales de la exposición está dedicado a los paisajes agrícolas y húmedos que han marcado profundamente la historia valenciana.

La huerta constituye uno de los escenarios más reconocibles del territorio. Sus sistemas de riego, cultivos, construcciones y formas de trabajo han contribuido a configurar una imagen característica de Valencia.

Sin embargo, detrás de la representación idealizada de las barracas y los campos verdes existe una historia de esfuerzo agrícola, adaptación técnica, conflictos por el agua y transformaciones económicas.

La cultura valenciana asociada a la huerta no puede entenderse exclusivamente como una imagen pintoresca. Ha sido también una forma de organizar el trabajo, las relaciones familiares y el aprovechamiento del territorio.

Algo semejante ocurre con los marjales, espacios fundamentales para comprender la agricultura, el paisaje y las transformaciones ambientales de la Comunitat Valenciana.

Esta sección se encuentra cerrada temporalmente dentro del proceso de renovación de las salas permanentes del museo.

El secano y la montaña: la Valencia menos visible

La tercera parte del planteamiento expositivo se ocupa de una realidad que con frecuencia queda fuera de las imágenes turísticas más habituales: los territorios del interior.

Las comarcas de secano y montaña han desarrollado formas de vida adaptadas a condiciones muy diferentes de las existentes en la costa y las zonas de regadío.

La agricultura de secano, la ganadería, los aprovechamientos forestales y los pequeños oficios rurales han formado parte de una economía históricamente vinculada a los recursos disponibles.

La arquitectura tradicional, la organización de los pueblos y las costumbres populares responden también a ese contexto.

Su historia permite recordar que la Comunitat Valenciana no se limita a sus grandes ciudades ni a los paisajes mediterráneos del litoral.

El interior representa una parte fundamental de la memoria colectiva, aunque sus habitantes y sus tradiciones hayan recibido menor atención pública.

Este espacio también permanece cerrado por reformas, según la información publicada por el museo.

Del mundo preindustrial a la sociedad digital

Uno de los grandes valores de la exposición reside en establecer conexiones entre diferentes épocas.

La vida cotidiana de los valencianos cambió radicalmente con la industrialización, la expansión de las ciudades, la transformación de los transportes y la llegada de nuevas tecnologías.

Los desplazamientos que antes exigían largas jornadas pueden realizarse ahora en pocas horas. Muchos oficios tradicionales han desaparecido o se han transformado, y nuevas profesiones ocupan espacios que anteriormente tenían otros usos.

También han evolucionado las formas de relacionarse, de transmitir conocimientos y de participar en la comunidad.

Las fiestas y costumbres que hoy identificamos como tradicionales han experimentado igualmente adaptaciones a lo largo del tiempo.

La exposición plantea que conservar una tradición no implica necesariamente reproducirla exactamente como se practicaba hace cien años.

La diversidad como parte de la cultura valenciana

La identidad valenciana tampoco puede explicarse sin tener en cuenta los movimientos de población y los intercambios culturales.

Durante siglos, el territorio ha recibido influencias que han dejado huella en la gastronomía, la arquitectura, el lenguaje, las actividades económicas y la vida cotidiana.

La globalización ha intensificado estos contactos y ha creado nuevas formas de pertenencia.

Una misma persona puede sentirse vinculada a su barrio, a su municipio, a la Comunitat Valenciana y a otros espacios culturales sin que esas identidades sean necesariamente contradictorias.

La reflexión de L’ETNO resulta especialmente actual en un momento en que las sociedades debaten cómo integrar la diversidad, proteger el patrimonio y mantener las costumbres sin excluir a quienes llegan de otros lugares.

Un museo para comprender la sociedad

L’ETNO no plantea la etnología como una simple colección de objetos antiguos.

Su propuesta consiste en utilizar el patrimonio para explicar cómo viven las personas, cómo se organizan las comunidades y qué cambios experimentan sus costumbres.

La exposición invita a observar los elementos de la vida cotidiana desde una perspectiva diferente.

Una vivienda, una herramienta, una fotografía, un espacio comercial o una costumbre pueden revelar transformaciones sociales que pasan inadvertidas cuando se contemplan de manera aislada.

Este enfoque convierte la visita en una experiencia de reflexión cultural y permite comprender que la historia de Valencia también se encuentra en las actividades ordinarias de sus habitantes.

Una visita cultural gratuita en el centro de Valencia

El museo se encuentra en el Centre Cultural La Beneficència, en la calle Corona, 36, dentro del centro histórico de Valencia.

La entrada es gratuita y el horario general de apertura es de martes a domingo, de 10.00 a 20.00 horas.

El recinto cierra los lunes, incluidos los festivos, así como el 1 de enero, el 1 de mayo y el 25 de diciembre. Los días 24 y 31 de diciembre el horario se reduce de 10.00 a 14.00 horas.

La programación del museo contempla visitas guiadas de aproximadamente 45 minutos dedicadas a una sección de la exposición permanente. Para participar es necesario consultar las sesiones disponibles y recoger la entrada correspondiente en el vestíbulo.

Una pregunta que sigue abierta

La propuesta de L’ETNO invita a abandonar las respuestas fáciles sobre qué significa ser valenciano.

Las tradiciones son importantes, pero también lo son las transformaciones que han permitido a la sociedad adaptarse a nuevas realidades.

La cultura valenciana es la suma de muchas experiencias: la ciudad y el campo, la costa y la montaña, la memoria de los mayores y las formas de vida de las generaciones más jóvenes.

Por eso, más que ofrecer una definición cerrada, la exposición plantea una pregunta que cada visitante puede responder de manera diferente.

Tal vez esa sea su principal enseñanza: ser valenciano no consiste únicamente en conservar lo heredado, sino también en participar en la construcción de lo que vendrá.